La ganadería argentina enfrenta una exigencia creciente: aumentar el peso y calibre de los animales que produce. Esta realidad fue puesta en evidencia durante una jornada del Ipcva, donde se debatieron las nuevas orientaciones que debe tomar el sector para mantener su competitividad internacional.
Los expertos reunidos en el encuentro fueron contundentes en su diagnóstico. Para que la ganadería argentina siga siendo viable como actividad exportadora, debe adaptarse a un modelo donde predominen bovinos más grandes y de mejor calibre. El mercado global, afirmaron, no acepta otra lógica.
Esta reorientación representa un cambio paradigmático en la ganadería local. Durante décadas, los productores han operado bajo ciertos estándares que ahora resultan insuficientes para la demanda internacional. Los compradores externos establecen parámetros cada vez más exigentes, y la Argentina debe responder o perder posiciones.
El incremento de kilos por animal se presenta, entonces, como una estrategia central para el futuro del sector. Esto no se limita a dejar crecer más a los bovinos, sino que implica una reevaluación completa de genética, alimentación, infraestructura y sistemas de manejo.
Para muchos ganaderos pequeños y medianos, esta transición presenta dificultades. La inversión necesaria para mejorar genéticamente los rodeos, optimizar la alimentación y rediseñar los sistemas de crianza requiere capital y conocimiento especializado. Sin embargo, la alternativa de no adaptarse es simplemente quedar fuera del mercado.
El Ipcva y sectores afines reconocen que este cambio es complejo pero ineluctable. Argentina debe evolucionar su producción ganadera para responder a las demandas del mercado global. Los próximos años serán cruciales para definir cuántos productores logran hacer esta transición exitosamente y cuántos quedan rezagados en el proceso.
Imagen: Natasha Arefyeva / Unsplash – Con informacion de Clarín Rural






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