El sorgo argentino vive una situación contradictoria. El mejoramiento genético ha avanzado notablemente, dotando a las variedades disponibles de mayor potencial productivo, pero simultáneamente los rendimientos promedio que se registran en el campo han mostrado un retroceso preocupante.

Esta brecha desconcertante entre lo que debería esperarse de semillas mejoradas y lo que efectivamente se obtiene en la cosecha es el foco de atención de especialistas del sector. Desde Maizar desglosan el problema: la genética superior debe acompañarse necesariamente de un manejo agronómico adecuado para que el cultivo alcance su máximo potencial.

Las noticias alentadoras llegan desde la institución, que anticipa una recuperación en las siembras de sorgo durante este ciclo agrícola. Ese pronóstico positivo descansa en la premisa de que los productores implementen mejoras significativas en cómo conducen sus cultivos.

El sorgo cumple un rol estratégico en la producción agrícola argentina como herramienta de diversificación. Sin embargo, para que vuelva a ocupar un lugar relevante en los planes de siembra de los productores, es indispensable que los rendimientos mejoren sustancialmente.

Los analistas enfatizan que la solución no requiere nuevos descubrimientos científicos, sino la aplicación correcta de conocimientos existentes. El manejo adecuado del cultivo en cada una de sus etapas es lo que permitirá convertir la superioridad genética del material disponible en kilos adicionales por hectárea, revitalizando así la producción sorgera a nivel nacional.

Imagen: DEEP CHAND / Pexels – Con informacion de Clarín Rural

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