Un reconocido productor de almendras anuncia su reconversión, marcando un punto de quiebre en un sector que enfrenta presiones simultáneas en múltiples frentes.
La producción de almendras se ha concentrado históricamente en la región de Cuyo, siendo Mendoza la provincia que concentra más del 90% de la actividad nacional. La zona se ha posicionado como referente en la elaboración de este fruto seco, ganando reputación tanto por sus estándares de calidad como por la importancia que los almendros revisten en la estructura productiva regional.
A pesar de este legado, el sector atraviesa una coyuntura desafiante. Las complicaciones técnicas inherentes a la cosecha de almendras constituyen un primer nivel de dificultad. Pero a esto se suman dinámicas que escapan del control de los productores.
El pistacho ha emergido como competidor dentro del mismo territorio. Explotaciones que tradicionalmente cultivaban almendras ahora consideran esta alternativa como opción viable. Simultáneamente, las importaciones chilenas arriban con cargas impositivas prácticamente inexistentes, generando una competencia de precios contra la cual es muy difícil competir desde el lado de la oferta local.
Estos tres factores —desafíos inherentes al cultivo, competencia del pistacho y presión de importaciones subvaluadas— configuran un entorno que ha motivado la reconversión. La decisión del productor refleja una tendencia adaptativa donde algunos actores buscan redefinir sus modelos de negocio para sostener viabilidad económica en un contexto transformado.
Imagen: Lilen Diaz / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo






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